Artículos de Carmen Álvarez

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Bajo el capote de Gogol

18/12/2008 · 1 comentario

Ilustración de Noemi Villamuza para la edición que ha hecho Nórdica de El Capote de GogolCuando Nikolái Gógol escribió los Cuentos de San Petersburgo, entre los que se incluye El capote, Dostoievski era todavía un niño o, como mucho, un preadolescente -si es que por aquel entonces ya existía esta etapa- y faltaba medio siglo para que un judío de apellido Kafka naciese en Praga. No imaginaba que estaba sentando bases, creando imaginarios y temáticas que luego estos dos autores, entre otros, recogerían y adoptarían a su estilo.

Ya lo dijo Dostoievski, “todos estamos bajo el capote de Gógol”, y, por esto y por que el próximo año se cumplen doscientos años del escritor peterburgués, la editorial Nórdica acaba de publicar este relato dentro de su colección de libros ilustrados.

“Era un hombre bastante ordinario, bajo de estatura, algo picado de viruelas, con una tonalidad de pelo que tiraba a pelirroja, un tanto corto de vista, con pequeñas entradas en la frente, arrugas a lo largo de las mejillas y ese color de cara que recibe el nombre de hemorroidal…”, describe Gógol al antihéroe protagonista, un hombre que hasta el nombre lo tiene algo ridículo: Akaki Akákievich (algo similar a que alguien se llame en España Fernando hijo de Fernando).

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Los hermanos Rosado te convierten en Dorian Gray

04/12/2008 · Dejar un comentario

Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg publica el libro de Oscar Wilde ilustrado por los gemelos de San Fernando, premiados con el galardón de jóvenes artistas de la pasada edición de ARCO

Tú eres Dorian Gray
EspejoLos hermanos Miguel Pablo y Manuel Pedro Rosado te convierten en el protagonista de El retrato de Dorian Gray en la edición de lujo que publica Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg. “El propio libro es el cuadro de Dorian Gray”, explica Manuel Pedro. Una portada roja imita la tela que lo envuelve y las guardas están hechas en papel espejo “para que tú seas el primer reflejo”, para que tu te conviertas en el propio Dorian Gray.

La vigencia del genio

MP&MP RosadoOscar Wilde publicó El retrato de Dorian Gray en 1890. Más de un siglo después, los hermanos Rosado se sorprenden de la total vigencia del relato que propone. El protagonista de la novela es un hombre, que tras ser retratado, se enamora tanto de su aspecto que pide no envejecer jamás y que, en su lugar, sea por el cuadro por el que pasen los años. “Es casi más actual ahora que cuando se escribió”, reflexiona Manuel Pedro Rosado.

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Categorías: Arte · Fotogalería
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Finlandia se flagela

27/11/2008 · Dejar un comentario

La escritora Sofi OksanenFinlandia tiene fama de ser el país europeo con la tasa más alta de suicidios. En realidad no lo es si miramos las últimas estadísticas, pero es cierto que sigue siendo un mal latente. Lo que quizá no sea tan conocido son las altas tasas de maltrato. La escritora Sofi Oksanen lo confirma: “En Finlandia, cada seis minutos, una mujer está siendo maltratada”. ¿Alguien sigue pensando en un paraíso nórdico al nombrar este país?

Por si todavía hay alguien que tiene dudas, las novelas La dulce envenenadora (Anagrama), de Arto Paasilinna, y Las vacas de Stalin (451 Editores), de la mencionada Oksanen, borran cualquier imagen idílica que podamos tener sobre paisajes helados y ciudadanos ordenados. Ambos autores, de dos generaciones diferentes y de gran éxito en su país, no dejan títere con cabeza en el cuadro que presentan.

La novela de Paasilina, que ya publicó en España Delicioso suicidio en grupo, es la historia de una ancianita acosada por su sobrino y los salvajes de sus amigos. Cada vez que ella cobra la pensión, estos se plantan en su hogar a coger lo que creen suyo hasta tal punto que ella se ve obligada a llamar a la policía para huir. La venganza se sirve en plato frío, dice el refrán, menos mal que la entrañable viejecilla es de armas tomar.

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Categorías: Literatura
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Max Ernst, el surrealista que escribía libros

25/11/2008 · Dejar un comentario

La editorial Atalanta publica las aventuras novelísticas del artista alemán que vivió entre el surrealismo y el dadá

Un novelista particular

Tres novelas en imágenes, de Max ErnstMax Ernst publicó entre 1929 y 1934 tres novelas en imágenes: La mujer 100 cabezas, Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo y Una semana de bondad. Como no podía ser de otra manera, no constaban de planteamiento, nudo y desenlace al uso. Para el artista surrealista y dadá era una manera de hacer crítica y dejar volar todo tipo de fantasías. La editorial Atalanta las rescata ahora.

Reciclaje de grabados

Tres novelas en imágenes, de Max Ernst.El artista alemán utiliza una peculiar técnica de collage para realizar estas historias. A partir de grabados de madera de mediados del XIX superpone imágenes para crear las escenas que le interesan. No utiliza demasiadas fuente en cada estampa, pero aún así los originales son totalmente irreconocibles. A finales de los años veinte y principios de los treinta, nadie utilizaba estos grabados para realizar los collages. Para Ernst, en cambio, eran el material ideal.

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La primera generación de feministas combatió el la I Guerra Mundial

20/11/2008 · Dejar un comentario

Preparando armamentoImagina que un día coges el periódico y te dice directamente que sobras. A ti, mujer, soltera, joven. Te invitan a irte, a emigar en busca de un buen marido porque tú no eres más que una aberración, un sinsentido, una pieza sobrante en una sociedad que ya no te necesita. E imagina que no es eso lo más terrible. Lo peor es que es verdad: te han educado para ser esposa y madre y, si te extirpan esa meta, no tienes ni idea de cuál es tu lugar en el mundo.

Ahora vuelve a la realidad. Estás en 2008 y nada de eso es cierto. Sin embargo, si te hubiese tocado ser una mujer joven en los años veinte tu situación podría ser la del párrafo anterior. En 1921, los periódicos ingleses hablaban de “un excedente” de dos millones de mujeres e invitaban a las casaderas a emigrar a Australia, Canadá o África. Tras la Gran Guerra, los solteros eran más codiciados que nunca porque también eran más escasos. Para muchas féminas aquello no era otra cosa que el infierno en vida.

La escritora británica Virginia Nicholson rinde tributo a estas mujeres en Ellas solas (Turner), una mirada a algunas de las heroínas anónimas que supieron sobreponerse y hallar su verdadero camino.

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Encantadas de ser malas

25/09/2008 · Dejar un comentario

Las concubinas de DraculaCuidado con quien te cruzas esta noche. Cuidado con esos ojos que te miran porque igual te están acechando desde el principio de los tiempos. Desde que Eva ofreció una manzana, el mundo está habitado de mujeres perversas, tentadoras y diabólicas pero, si en algún lugar campan a sus anchas, es en los cuentos de terror.

La filóloga Marta González Megía ha reunido para Lengua de Trapo casi dos decenas de relatos en los que ellas son malas hasta decir basta. Y de tan malas que son, se convierten en aún más de seductoras. Temblad, hombres, temblad.

“Son malas porque no tienen otro remedio, ya que la estrecha concepción masculina, conservadora y misógina en grado sumo, las condena al mutismo, a la marginación o la ilegalidad, según épocas y países”, argumenta González Megía en el prólogo.

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No te pierdas con Homero

24/09/2008 · 1 comentario

Eros y Psique, de Antonio Canova.Si tuviésemos que encontrar el nexo de unión entre artistas como Leonardo da Vinci o Bernini con músicos como Strauss y Mozart, novelistas de la talla de Joyce o Byron o reyes de la pantalla como Brad Pitt, no tendríamos más remedio que rendirnos al hecho de que la mitología nunca ha pasado de moda. Los griegos crearon un imaginario de dioses e intrigas que los romanos se encargaron de copiar y, ya de paso, dejarlo de testamento a las siguientes generaciones. Desde entonces no hemos parado de releerlo y tomar nuevas notas.

Sin embargo, muchas veces se echa en falta un volumen que aglutine todas estas leyendas y esa carencia es la que intenta paliar Turner Libros al editar una de las mejores compilaciones sobre este tema. Se trata de Mitología. Todos los relatos griegos, romanos y nórdicos, que escribió hace más de sesenta años la especialista en cultura clásica Edith Hamilton (1867-1963) y cuyo carácter didáctico ha provocado que siga siendo todo un libro de referencia en la materia.

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Auster vuelve a abrir la matrioshka

04/09/2008 · Dejar un comentario

Paul AusterQuizá cuando Paul Auster cierra los ojos por la noche todos sus personajes comienzan a danzar ante él y a pedirle explicaciones: ¿por qué tuviste que estropearlo todo?, ¿no me podías haber dejado tranquilo?, ¿era necesario este final? Tal vez solo se preocupen por detalles más superfluos como que hubiesen preferido ser un poco más altos o tener una mujer más guapa. O tal vez eso es lo que a él le gustaría, porque en cada nuevo libro demuestra que los saltos entre ficción y realidad están a escasos milímetros.

Un hombre en la oscuridad nos presenta a August Brill, un crítico literario de setenta años, convaleciente de un accidente de tráfico y condenado a recuperarse metido en una cama. Nunca ha escrito ni una línea de ficción, sin embargo, el aburrimiento y las ganas de mantener lejos de su mente determinados episodios de su vida le llevan a idear historias.

Y es entonces cuando entra en acción Owen Brick, rozando la treintena y con una vida aparentemente sencilla. Sí, sencilla hasta que August Brill decide inmiscuirse y ponerlo en una situación extrema: como en una pesadilla, Estados Unidos vive una guerra civil, el atentado de las Torres Gemelas y la Guerra de Irak nunca han sucedido y él tiene que matar a una persona si quiere devolver al mundo la normalidad. “Más de trece millones han muerto ya. Si las cosas siguen más tiempo así, la mitad de la población habrá desparecido antes de que nos demos cuenta”, le dicen como ultimatum.

Juego de muñecas

Como en anteriores ocasiones, el escritor de Nueva Jersey vuelve a jugar a las matrioshkas, las muñecas rusas que guardan en su interior muñecas más pequeñas. Una historia dentro de una historia no podía faltar dentro de un libro de Auster y, aunque cada vez más pequeñas, se nota de donde han salido, no pueden negar las semejanzas con su creador.

Soledad, inercia, dolor, literatura, cine… los mismos temas de Auster regresan una vez más, aunque en una de sus últimas entrevistas, con motivo de la publicación de su penúltimo libro (Viajes por el Scriptorium), aseguró que se sentía agotado creativamente y que tenía sus dudas sobre que fuese a escribir libros futuros.

Pero es la guerra la gran protagonista de este libro. La guerra sin sentido, la que algunos hombres se inventan y ocasiona millones de muertos mientras ellos permanecen tan tranquilos. Aunque sólo sea de refilón aparece Irak y sus víctimas, y la no menos absurda y destructiva guerra civil que su protagonista imagina una noche de insomnio. Lo peor es que tal vez no haya tanta diferencia entre una y otra.

Un hombre en la oscuridad se sumerge en todo esto, pero también en otros temas como la infidelidad o el sentimiento de culpa para demostrar que, aunque Auster lo dude, todavía quedan otras matrioshkas por abrir.

Publicado en ADN.es el 04/09/2008

Categorías: Literatura
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Por sus cartas los conocerás

01/08/2008 · Dejar un comentario

La carta de Jack el DestripadorEs casi como mirar por el ojo de la cerradura. Ver sin ser visto, escrutar en la intimidad. La correspondencia de escritores, políticos, artistas o músicos permite descubrir amores secretos, reflexiones de las que sacar provecho, amistades peligrosas o complejas personalidades. Por eso nos gustan tanto.

Hace unas semanas, salían a la luz más de un centenar de misivas que ponían de relieve el romance del escritor británico John Fowles y una de sus jóvenes alumnas. Viudo, convaleciente de una aplopejía y pasados ya los sesenta años, el autor de La mujer del teniente francés no estaba para muchos trotes, así que decidió volcar toda su pasión en estas cartas. No llegaron a más, pero el mero interés de leerlas hace que Sotheby’s estime su precio alrededor de 40.000 euros en subasta. ¿Tanto se paga el morbo?

Igual ni siquiera es eso. ¿Qué hay detrás del afán de leer cada detalle de la vida íntima de los escritores o artistas que idealizamos? Qué tiene más valor literario: ¿La metamorfosis o La carta al padre -que, por otro lado, está en duda que no sea enteramente ficción- de Kafka? ¿Será entonces que en estos casos nos sentimos libre de prejuicios para rendirnos al puro cotilleo?

Hace unos años, la escritora Paula Izquierdo publicó Cartas de amor salvaje (s), una recopilación de misivas entres autores y amantes del siglo XX. Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Gadós, Sartre y Simone de Beauvoir, Henry Miller y su amante Brenda Venus… descubrían una faceta que difícilmente podría haberse desprendido de sus textos.

Erótico Joyce

Si alguien realmente sorprende en su correspondencia amorosa es James Joyce. “Mi amor por ti me permite rogar al espíritu de la belleza eterna y a la ternura que se refleja en tus ojos o derribarte debajo de mí, sobre tus suaves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta a una puerca, glorificado en la sincera peste que asciende de tu trasero, glorificado en la descubierta vergüenza de tu vestido vuelto hacia arriba y en tus bragas blancas de muchacha y en la confusión de tus mejillas sonrosadas y tu cabello revuelto”, escribía a Nora Barnacle, su amante y esposa.

Quizá muchos pagasen ese dinero por cartas que confirmasen definitivamente la especulada relación entre la Nobel chilena Gabriela Mistral y su albacea Doris Dana. Sin embargo, lo que por ahora si es de dominio público es la correspondencia que tuvo la escritora con el autor Manuel Magallanes Moure, en la que se plasma el total interés de él pero que nunca traspasó el papel.

“Créalo, no soy nada que pueda usted tomar en sus manos como cosa bella ni alta, para llevarla a su corazón. ¡Por Dios, créalo! Usted está viviendo en plena locura; no sabe lo que promete, lo que ofrece, lo que pide, lo que alaba”, le recrimina Mistral.

Pero la correspondencia privada de personajes históricos no sólo nos ha descubierto secretos de alcoba; también ha hecho más humanos a sus autores o directamente los han desmitificado. El egocéntrico Truman Capote se descubre en las misivas reunidas en el volumen Un placer fugaz como un cursi amante cuando llama a sus parejas “Mi corderito” y el adorado poeta Phillip Larkin se revela un homófobo, racista y viejo verde, observando a las estudiantes durante sus horas de trabajo en la biblioteca donde pasó la mayor parte de su vida.

Las complicadas amistades de Churchill

Más peliagudo es cuando lo que se juega es el prestigio político o la inculpación en algún crimen. Churchill estaba dispuesto a hacer casi cualquier cosa por borrar las cartas que se intercambiaba con Mussolini en los preámbulos de la II Guerra Mundial. Las malas lenguas dicen que en ellas se evidenciaba una amistad entre ambos dirigentes y hasta concesiones territoriales si Italia no apoyaba a Hitler. El Duce murió sin haber enseñado esas cartas pero teniéndolas bien guardadas y, según esas mismas lenguas, el entonces presidente inglés se encargó de hacerlas desaparecer.

Tal vez en unos años se publiquen volúmenes de correos electrónicos o mensajes de móvil. Quién sabe. Si hasta se subastan escritorios de literatos. Por el momento seguimos entregados a las cartas que nos han descubierto al Lord Byron más seductor, al Flaubert más melancólico y al Groucho Marx con menos pelos en la lengua. También al Machado enamorado de una mujer casada o al Yukio Mishima más respetuoso al escribir al Nobel japonés Kawabata. Seguimos espiando.

Publicado en ADN.es el 01/08/2008

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Al salir del infierno

31/07/2008 · Dejar un comentario

AuschwitzEl tiempo no tiene buena memoria. Idealiza, condena, pero nunca es cien por cien fiel a la verdad. Por eso la escritora judía Odette Elina (1910-1991) decidió, recién salida de los barracones de Birkenau (la zona de Auschwitz destinada a mujeres), escribir el diario de su paso por el infierno. Sin florituras, sin estridencias, simplemente fiel a la realidad.

Sesenta o setenta años después del Holocausto, parece que ya lo sabemos todo sobre el horror nazi. Duchas que reducían a humo centenares de cuerpos humanos. Hambre hasta ser piel y huesos. Hacinamiento. Exterminio. Dolor. Pero con Sin flores ni coronas vemos las fotografías de todo ello a través de pequeños capítulos, casi apuntes tomados al vuelo y que en la edición de Periférica se ven acompañados de los dibujos que pintó la escritora.

Sus textos cortos y directos nos presentan a protagonistas como Hella -”No era hermosa. Con aquella narizota y aquellos ojos, más bien apagados”- o Yvonne -”Era una extraordinaria chica de Lorena, de mirada pura”-. Para luego arrebatárnoslas, como hicieron con ellas sus verdugos. “Nunca más la volví a ver. Los alemanes se la llevaron y la quemaron”, cuenta de Hella. De Yvonne asegura: “De entre todas, era ella quien más merecía regresar”.

Y es en ese momento cuando tomamos conciencia de dónde estamos, de que no fueron cifras y cifras de judíos los que murieron. Fueron personas como Yvonne y como Hella. Elina tuvo la suerte de sobrevivir, pero quién sabe lo que hubiese ocurrido si los rusos hubiesen tardado más en llegar.

¿Quiénes son los verdugos?

La autora judía -y comunista, de hecho fue apresada por este último motivo- también refleja el nivel de sordidez moral al que puede legar el ser humano cuando se le coloca en las peores condiciones. Algunas de sus compañeras son aves de rapiña y prefieren ejercer de soplonas ante los guardianes que las desprecian que mostrar algún tipo de solidaridad con sus iguales.

La crítica es tan dura que incluso la autora, que en 1981 decidió reeditar el libro, escribió un breve prefacio en el que, entre otras cosas, aseguraba: “No es en estos últimos (por los presos insolidarios) sobre quienes recae mi relato, sino en aquellos que les condujeron a tal estado”. Y lanza un último aviso: “Dedico esta nueva edición a los que aún no habían nacido en 1945. Que este testimonio pueda despertar en ellos el horror al nazismo, pero también la esperanza en el porvenir del hombre”.

La superviviente

Decían los que la conocieron que siempre hizo gala de un gran sentido del humor. Comunista convencida aunque de orígenes burgueses, nunca abandonó su causa y trabajó durante años para que la memoria del Holocausto no se perdiese.

Sin flores ni coronas fue publicada por primera vez a finales de los años cuarenta. No tuvo demasiado eco y tampoco cuando volvió a editarse a comienzos de los ochenta. Hace unos años, sin embargo, la fama le llegó casi por casualidad cuando fue recuperado para una obra de teatro y consiguió la repercusión que antes no había tenido. Ahora Periférica nos da la oportunidad de leerlo en castellano.

Publicado en ADN.es  el 31/07/2008

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