Tiempo de releer a Edith Wharton

La escritora norteamericana Edith Wharton.“Dedícate a Nueva York… la experiencia de primera mano es lo más precioso”, le dijo el novelista Henry James a Edith Wharton tras su primera novela. Le hizo caso y siguió al pie de la letra uno de los consejos más valiosos que podían haberle dado. A partir de entonces, no se despegó -ni en vida ni en las novelas- de la frívola y opresiva alta sociedad neoyorquina y otorgó a sus personajes vidas que ella misma podría haber vivido.

Como una Jane Austen del siglo XX, Wharton (1862-1937) retrató la vida social del momento. Una vida marcada por la apariencia, los convencionalismos y unas reglas en permanente y dolorosa fricción con las ansias y el desarrollo individuales. Una lucha que ella sufrió a lo largo de toda su existencia y que vertería en los sucesivos protagonistas de sus novelas.

Es el caso de Newland Archer, el hombre dividido entre la pasion y la fidelidad a su esposa de La edad de la inocencia, Premio Pulitzer y adaptada al cine por Martin Scorsese con Daniel Day-Lewis, Michelle Pfeiffer y Winona Ryder como el triángulo protagonista. Pero también de los protagonistas de las novelas que dos editoriales han vuelto a colocar en las estanterías de novedades: Santuario, una rareza inédita en castellano y que sale de la mano de Impedimenta, y las reediciones de Ethan Frome y Las costumbres nacionales, que publica Alba Editorial.

¿Cuál fue entonces la vida de Edith Wharton? Nacida en una familia de la burguesía neoyorquina, desde niña ya se sintió extraña en el entorno que le había tocado. Su matrimonio con un hombre que le sacaba más de diez años y que le fue infiel en repetidas ocasiones, no le ayudó a encontrar su sitio. De nuevo, las reglas sociales chocaban con sus aspiraciones individuales, volcadas hacia la literatura y reacias a este matrimonio, al que pondría fin veinte años después de su inicio.

Novelista a los cuarenta

Tardó casi cuarenta años en escribir su primera novela, pero a partir de este momento no interrumpiría esta labor hasta su muerte, dejando inconclusa su última obra: Las bucaneras. Fue amiga del mencionado James -y condenada a la etiqueta de su ‘discípula’-, de Hemingway o Scott Fitgerald. Trabajó para la Cruz Roja en la I Guerra Mundial y recibió la cruz de la Legión de Honor por ello. Fue la primera mujer en recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de Yale y vivió a medio camino entre Estados Unidos y Europa para acabar asentándose en Francia, aunque nunca dejaría de pertenecer a esa elevada sociedad neoyorquina.

Los volúmenes ahora rescatados permiten acercarse a sus grandes temas, a los que ella conoció tan bien: infidelidad, hipocresía y poder. Las costumbres nacionales es la historia de Undine Spragg, una mantis burguesa, ambiciosa de poder que irá encandenando maridos para conseguirlo. Ironías del destino, finalmente acabará con el primero de sus esposos aunque, con su historial de divorcios, vea frustrado su tan perseguido fin.

Ethan Frome, una de sus obras más alabadas por la crítica, se centra en un sensible granjero que se verá obligado a permanecer con su déspota esposa después de intentar y fracasar en su huida. Por último, Santuario aborda esa doble moral que caracterizaba a los burgueses del momento a través de Kate Orme, que descubrirá atónita el oscuro pasado de su marido e intentara luchar para que su hijo no caiga en los mismos defectos. Tres propuestas, tres vidas, que Wharton podría haber vivido.

Publicado en ADN.es el 17/01/2008

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