El sueño americano de Betty Smith

Fotograma de la adaptación que hizo Elia Kazan de Un árbol crece en BrooklynCuando a la escritora Betty Smith (1896-1972) le preguntaban si Un árbol crece en Brooklyn era una novela autobiográfica, siempre tenía la misma respuesta: la vida de Frances Nolan, heroína del libro, no era la suya propia sino la que debería haber tenido. Y que nadie se engañe, la existencia de Francie no tiene nada de envidiable, de comodidad, de privilegios o facilidades.

Hija de un padre amante de la bebida y una madre que lucha por sacar adelante a su familia con no demasiada fortuna, la protagonista que presenta Smith es una niña un poco atípica, sobre todo teniendo en cuenta el ambiente que le rodea. Solitaria, reservada y una lectora contumaz. Pero también una criatura fuerte y decidida como esos árboles a los que hace referencia el título del libro, aquellos que crecen en los lugares más inhóspitos y a los que ni los hombres, ni la naturaleza, pueden derribar.

Un árbol crece en Brooklyn, el libro que Smith publicó en 1943 y que ahora relanza Lumen, nos presenta un universo de personajes chocantes, pero que, sin embargo, han dejado huella en toda una generación de estadounidenses. Fue un best-seller nada más ser publicado, se convirtió en musical unos años más tarde y el director Elia Kazan escogió su historia para su ópera prima (en España traducida como Lazos humanos). Y aunque, medio siglo después, son pocos los ecos que quedan de este éxito, escritores como Paul Auster la tienen entre sus volúmenes de cabecera.

El sueño americano

En ocasiones sórdida, pero nunca melodramática, la novela tiene puntos de humor. Personajes como la tía Sissy, una mujer obsesionada con tener un hijo y los hombres, o las escenas del marido de la tía Evy y las jugarretas que le hace su caballo, se encargan de ello. También hay buenos momentos, ya que Francie, a pesar de las adversidades y las penurias económicas, consigue irse abriendo camino, estudiar en la Universidad (uno de sus máximos deseos) y, aunque sólo lo podemos intuir, dedicarse a una de sus grandes pasiones: escribir.

Por todo ello, la novela de Smith se convirtió en un emblema de su época. Encarnaba el sueño americano y reflejaba a la perfección la vida de miles de inmigrantes que sobrevivían a duras penas en la Nueva York de comienzos de siglo. Las clases trabajadores se sintieron plenamente identificadas con Un árbol crece en Brooklyn y, sobre todo, con las denuncias de abuso de clases y la pobreza que la novelista lanza en el libro.

¿Qué tendrá Brookly que ha tantos escritores ha marcado? El mencionado Paul Auster -que le dedicó Brooklyn Follies y que la utiliza como escenario de prácticamente todas sus novelas., pero también Whalt Whitman o Tom Wolfe. Y ahora Betty Smith, otra oportunidad de conocer la barriada más literaria de Estados Unidos.

Publicado en ADN.es el 26/06/2008

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