Disección a J.G. Ballard

¿Un hombre que vive aislado entre autopistas, que escribe a mano en la era digital y que rechaza el uso de Internet puede ser el visionario del nuevo milenio? Si se llama James Graham Ballard, sí. A sus casi 78 años y consumido por un cáncer de próstata, ha demostrado que la ciencia ficción acierta, que no hay que ser Nostradamus para adelantar casi medio siglo fenómenos como el calentamiento global, que se puede adivinar que un actor del tres al cuarto se convertirá en presidente de Estados Unidos o que las bombas en el aeropuerto londinense de Heathrow estaban cantadas.

JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio, la exposición que inaugura hoy el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, disecciona estos y otros detalles de la obra y el pensamiento del autor de El mundo sumergido, Crash o El imperio del sol y lo hace con primeras ediciones de sus libros, proyecciones, montajes escénicos, y obras de autores inspirados por este inglés nacido en Shangai en 1930.

Apodado el profeta de Shepperton (el barrio londinense en el que vive, ese mencionado arriba al que ahogan las carreteras), Ballard ha reconocido más de una vez que fueron sus estudios de medicina y, en concreto, la disección de cadáveres la que le inspiró a tomar papel y lapiz y mostrar el mundo tal y como su ofalto le decía que estaba por llegar.

A sus 77 años, ha construido una obra literaria sólida y un imaginario que se convierte en realidad según pasan los años. Como asegura Jordi Costa, comisario de la exposición, “Ballard ha visto nuestro futuro como un cuerpo muerto, con sus patologías y traumatismos”, y el CCCB ha decidido analizarlo y no perderse ningún dato que pueda ayudar a enfocar los próximos años.

Del Shangai de 1930 al Shepperton de 2008

De Shangai a Shepertton es el apartado que se fija en su infancia que tan bien plasmó en El imperio del sol, sus primeros años en Shangai y su internamiento en el campo de Lunghua durante la Segunda Guerra Mundial. Paisajes del sueño nos demuestra la influencia que el surrealismo y el psicoanálisis influyeron en su mirada y El espacio interior recorre sus primeros pasos en el terreno de la ciencia ficción imponiendo su propia mirada, la que rechaza las aventuras espaciales tan de moda en los sesenta y se fija en las posibilidades de futuro de nuestro pisoteado mundo.

El recorrido prosigue por Zona de catástrofe con sus novelas apocalípticas El mundo sumergido, La sequía o El mundo cristal, que ya anunciaban la amenaza del cambio climático. Se detiene en el mundo más cruel de La exhibición de atrocidades y Crash en el apartado Tecnología y pornografía, mientras que Asepsia y neobarbarie profundiza en la última etapa de su obra que, manteniendo sus mismos temas, se fija en un mundo más cercano y marcado por la frialdad y soledad del ser humano que cada vez vive más cómodo pero menos feliz. Noches de cocaína, Milenio negro o Super Cannes son algunos ejemplos.

JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio se completa con una proyección sobre el credo que publicó en1984 en la revista francesa Science fiction, una colección de primeras ediciones de sus libros y con una serie de obras plásticas o películas rodadas con un teléfono móvil realizadas por artistas inspirados en su literatura. Además, en otoño organizarán unas mesas redondas para abordar otros aspectos.

Últimas lecciones

“Creo en el poder de la imaginación para reconstruir el mundo”, escribió en el mencionado credo. Tal vez por eso ha ido avisando puntualmente de las amenzas de nuestro mundo. En una de las últimas entrevistas concedidas, Ballard -al que el cáncer lo mantiene recluido en su casa-, alertaba sobre la violencia indiscriminada, aquella que no tiene un fin salvo quizá acabar con el aburrimiento y que ya ha podido demostrarse en sucesos como el del insituto de Columbine.

Pero no todo son negras predicciones. Aunque parece que el pesimismo inunda cada una de sus obras, en Miracles of life -su último título, que Minotauro publicará este otoño en español-, reivindica una visión optimista y una defensa de la vida familiar. Ayudados por su imaginación, también podemos cambiar el mundo.

Publicado en ADN.es el 22/07/2008

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