Por sus cartas los conocerás

La carta de Jack el DestripadorEs casi como mirar por el ojo de la cerradura. Ver sin ser visto, escrutar en la intimidad. La correspondencia de escritores, políticos, artistas o músicos permite descubrir amores secretos, reflexiones de las que sacar provecho, amistades peligrosas o complejas personalidades. Por eso nos gustan tanto.

Hace unas semanas, salían a la luz más de un centenar de misivas que ponían de relieve el romance del escritor británico John Fowles y una de sus jóvenes alumnas. Viudo, convaleciente de una aplopejía y pasados ya los sesenta años, el autor de La mujer del teniente francés no estaba para muchos trotes, así que decidió volcar toda su pasión en estas cartas. No llegaron a más, pero el mero interés de leerlas hace que Sotheby’s estime su precio alrededor de 40.000 euros en subasta. ¿Tanto se paga el morbo?

Igual ni siquiera es eso. ¿Qué hay detrás del afán de leer cada detalle de la vida íntima de los escritores o artistas que idealizamos? Qué tiene más valor literario: ¿La metamorfosis o La carta al padre -que, por otro lado, está en duda que no sea enteramente ficción- de Kafka? ¿Será entonces que en estos casos nos sentimos libre de prejuicios para rendirnos al puro cotilleo?

Hace unos años, la escritora Paula Izquierdo publicó Cartas de amor salvaje (s), una recopilación de misivas entres autores y amantes del siglo XX. Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Gadós, Sartre y Simone de Beauvoir, Henry Miller y su amante Brenda Venus… descubrían una faceta que difícilmente podría haberse desprendido de sus textos.

Erótico Joyce

Si alguien realmente sorprende en su correspondencia amorosa es James Joyce. “Mi amor por ti me permite rogar al espíritu de la belleza eterna y a la ternura que se refleja en tus ojos o derribarte debajo de mí, sobre tus suaves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta a una puerca, glorificado en la sincera peste que asciende de tu trasero, glorificado en la descubierta vergüenza de tu vestido vuelto hacia arriba y en tus bragas blancas de muchacha y en la confusión de tus mejillas sonrosadas y tu cabello revuelto”, escribía a Nora Barnacle, su amante y esposa.

Quizá muchos pagasen ese dinero por cartas que confirmasen definitivamente la especulada relación entre la Nobel chilena Gabriela Mistral y su albacea Doris Dana. Sin embargo, lo que por ahora si es de dominio público es la correspondencia que tuvo la escritora con el autor Manuel Magallanes Moure, en la que se plasma el total interés de él pero que nunca traspasó el papel.

“Créalo, no soy nada que pueda usted tomar en sus manos como cosa bella ni alta, para llevarla a su corazón. ¡Por Dios, créalo! Usted está viviendo en plena locura; no sabe lo que promete, lo que ofrece, lo que pide, lo que alaba”, le recrimina Mistral.

Pero la correspondencia privada de personajes históricos no sólo nos ha descubierto secretos de alcoba; también ha hecho más humanos a sus autores o directamente los han desmitificado. El egocéntrico Truman Capote se descubre en las misivas reunidas en el volumen Un placer fugaz como un cursi amante cuando llama a sus parejas “Mi corderito” y el adorado poeta Phillip Larkin se revela un homófobo, racista y viejo verde, observando a las estudiantes durante sus horas de trabajo en la biblioteca donde pasó la mayor parte de su vida.

Las complicadas amistades de Churchill

Más peliagudo es cuando lo que se juega es el prestigio político o la inculpación en algún crimen. Churchill estaba dispuesto a hacer casi cualquier cosa por borrar las cartas que se intercambiaba con Mussolini en los preámbulos de la II Guerra Mundial. Las malas lenguas dicen que en ellas se evidenciaba una amistad entre ambos dirigentes y hasta concesiones territoriales si Italia no apoyaba a Hitler. El Duce murió sin haber enseñado esas cartas pero teniéndolas bien guardadas y, según esas mismas lenguas, el entonces presidente inglés se encargó de hacerlas desaparecer.

Tal vez en unos años se publiquen volúmenes de correos electrónicos o mensajes de móvil. Quién sabe. Si hasta se subastan escritorios de literatos. Por el momento seguimos entregados a las cartas que nos han descubierto al Lord Byron más seductor, al Flaubert más melancólico y al Groucho Marx con menos pelos en la lengua. También al Machado enamorado de una mujer casada o al Yukio Mishima más respetuoso al escribir al Nobel japonés Kawabata. Seguimos espiando.

Publicado en ADN.es el 01/08/2008

Una respuesta a “Por sus cartas los conocerás

  1. Has estado en la IIGM. Señores lectores, tenemos ante nosotros, un WOrld, lleno de oportunistas semiticos, y oportunistas, que se sirven del deleite de escribir para transformar vuestras mentes en ellos. Monus semitícus gitanus nómadas. Habrá que quemar libros ya. Cuanto mercachifle escribe, queriéndo imponer su triste filosofía de vida… por internet, … 🙂 Haceros de unicef y del barça, es lo que os falta por remataros…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s