Auster vuelve a abrir la matrioshka

Paul AusterQuizá cuando Paul Auster cierra los ojos por la noche todos sus personajes comienzan a danzar ante él y a pedirle explicaciones: ¿por qué tuviste que estropearlo todo?, ¿no me podías haber dejado tranquilo?, ¿era necesario este final? Tal vez solo se preocupen por detalles más superfluos como que hubiesen preferido ser un poco más altos o tener una mujer más guapa. O tal vez eso es lo que a él le gustaría, porque en cada nuevo libro demuestra que los saltos entre ficción y realidad están a escasos milímetros.

Un hombre en la oscuridad nos presenta a August Brill, un crítico literario de setenta años, convaleciente de un accidente de tráfico y condenado a recuperarse metido en una cama. Nunca ha escrito ni una línea de ficción, sin embargo, el aburrimiento y las ganas de mantener lejos de su mente determinados episodios de su vida le llevan a idear historias.

Y es entonces cuando entra en acción Owen Brick, rozando la treintena y con una vida aparentemente sencilla. Sí, sencilla hasta que August Brill decide inmiscuirse y ponerlo en una situación extrema: como en una pesadilla, Estados Unidos vive una guerra civil, el atentado de las Torres Gemelas y la Guerra de Irak nunca han sucedido y él tiene que matar a una persona si quiere devolver al mundo la normalidad. “Más de trece millones han muerto ya. Si las cosas siguen más tiempo así, la mitad de la población habrá desparecido antes de que nos demos cuenta”, le dicen como ultimatum.

Juego de muñecas

Como en anteriores ocasiones, el escritor de Nueva Jersey vuelve a jugar a las matrioshkas, las muñecas rusas que guardan en su interior muñecas más pequeñas. Una historia dentro de una historia no podía faltar dentro de un libro de Auster y, aunque cada vez más pequeñas, se nota de donde han salido, no pueden negar las semejanzas con su creador.

Soledad, inercia, dolor, literatura, cine… los mismos temas de Auster regresan una vez más, aunque en una de sus últimas entrevistas, con motivo de la publicación de su penúltimo libro (Viajes por el Scriptorium), aseguró que se sentía agotado creativamente y que tenía sus dudas sobre que fuese a escribir libros futuros.

Pero es la guerra la gran protagonista de este libro. La guerra sin sentido, la que algunos hombres se inventan y ocasiona millones de muertos mientras ellos permanecen tan tranquilos. Aunque sólo sea de refilón aparece Irak y sus víctimas, y la no menos absurda y destructiva guerra civil que su protagonista imagina una noche de insomnio. Lo peor es que tal vez no haya tanta diferencia entre una y otra.

Un hombre en la oscuridad se sumerge en todo esto, pero también en otros temas como la infidelidad o el sentimiento de culpa para demostrar que, aunque Auster lo dude, todavía quedan otras matrioshkas por abrir.

Publicado en ADN.es el 04/09/2008

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