Encantadas de ser malas

Las concubinas de DraculaCuidado con quien te cruzas esta noche. Cuidado con esos ojos que te miran porque igual te están acechando desde el principio de los tiempos. Desde que Eva ofreció una manzana, el mundo está habitado de mujeres perversas, tentadoras y diabólicas pero, si en algún lugar campan a sus anchas, es en los cuentos de terror.

La filóloga Marta González Megía ha reunido para Lengua de Trapo casi dos decenas de relatos en los que ellas son malas hasta decir basta. Y de tan malas que son, se convierten en aún más de seductoras. Temblad, hombres, temblad.

“Son malas porque no tienen otro remedio, ya que la estrecha concepción masculina, conservadora y misógina en grado sumo, las condena al mutismo, a la marginación o la ilegalidad, según épocas y países”, argumenta González Megía en el prólogo.

En resumidas cuentas, son malas por que las han dibujado así o porque, al fin y al cabo, no les ha quedado otra salida. Nunca han estado bien vistos los espíritus por muy bellos que sean, las almas en pena o las sugerentes vampiras. Y, sin embargo, estos seres son los protagonistas que imaginaron Bram Stoker, Mary Shelley, Edgar Allan Poe, E.T.A. Hoffmann o incluso Dickens, Dumas y Merimée.

Un siglo para morirse de miedo

Escritos entre 1816 y 1914, Malas. Relatos de mujeres diabólicas concentra algunos de los cuentos de terror gótico más emblemáticos de la literatura. No falta Ligeia, de Poe, y tampoco el primer relato en el que aparece la figura de una vampira: Dejad descansar a los muertos, de Ernst Raupach, donde la perturbadora Brunhilde vuelve a la vida tras un conjuro y necesita de la sangre para volver a sentir las pasiones humanas.

Apariciones misteriosas como la de Ojos verdes, de Bécquer, ancianas inquietantes como la protagonista de La cámara de los tapices, estatuas sugerentes como la de La Venus de Ille de Mermimée, así como agobiantes -y nada amantísimas- esposas como la que retrata Emilia Pardo Bazán en Los buenos tiempos. Todas tienen su hueco.

Como explica la prologuista, todas estas féminas “son transgresoras de las normas más elementales, por ejemplo, la del respeto a la vida ajena” y todas “constituyen una presencia aterradora o, cuando menos, inquietante”.

Los personajes masculinos que se presentan ante ellas son todo lo contrario. Débiles de mente y voluntad, volubles al mínimo suspiroe ingenuamente crédulos ala bondad de la belleza. Al fin y al cabo, ¿cómo no aprovechar las facilidades? Muchas veces tienen las de perder, pero no se rinden. Nuestras protagonistas son malas y están encantadas de serlo.¿No quieres conocerlas? Pero ten cuidado. Están acechando.

Publicado en ADN.es el 25/09/2008

Anuncios