Cocina negra para principiantes

detectiveCuanto más tiras del hilo de la novela negra, más te das cuenta de que, no es que sus límites sean difusos, más bien es que sus tentáculos llegan a más obras de las que pudieras imaginar.

Este miércoles por la mañana se sentaron ante una mesa del festival Getafe Negro los denominados Jóvenes Bárbaros, las nuevas voces que están demostrando que tienen algo que decir en este género: Mercedes Castro, David Torres, David Gistau e Ignacio del Valle. Sorprende que la mitad de ellos reconozca que a priori su intención nunca fue la de hacer una novela negra.

“Yo no fui consciente de que estaba haciendo una novela negra hasta que me lo dijo la editorial”, aseguró David Gistau, periodista y escritor de Ruido de fondo, una historia con el tema de la violencia en los campos de fútbol como telón de fondo. Tampoco David Torres se planteó esta opción cuando daba forma a Niños de tiza, un retrato de la España de la Transición protagonizada por el mismo personaje de El gran silencio. Quién les iba a decir entonces que, en unos meses o años, protagonizarían esta mesa redonda.

Pero, vamos por partes. Uno de los primeros problemas a la hora de hablar de este género es definir exactamente en qué consiste. Novela negra es Hammet y es Chandler, ¿pero sería también El código Da Vinci? Al fin y al cabo, hay asesinatos y alguien que intenta descubrirlos.

Sirve de primera aclaración la respuesta de Mercedes Castro, la autora de Y punto: “novela negra no es novela policiaca”. “La novela policiaca es una novela fácil, destinada a vender miles de ejemplares y sin componente social”. Porque, si en algo estuvieron de acuerdo todos los miembros de la mesa, es que sin componente social no hay novela negra.

Violencia + ciudad + antihéroes

Ya sabemos lo que no es, pero, aparte del componente social, ¿cuáles son los demás componentes? Por supuesto hay crímenes, hay violencia y, sobre todo, una ciudad. “Es un género eminentemente urbano. Donde haya una ciudad, habrá ingredientes” para un libro de esta corriente, explica Gistau.

No puede faltar el mal. Torres lo pone de manifiesto con la siguiente afirmación: “Hay un momento en el que te das cuenta de que el mal, si no es todopoderoso, casi lo es”. Ya no valen los arquetipos de bueno-malo o héroe-villano. La realidad es mucho más compleja y los personajes tienen que adaptarse a ella.

“Cuando te enfrentas a alguien, para ganarle tienes que convertirte en él, pensar como él”, reflexiona Del Valle. Los límites se intercambian y los protagonistas no son tan íntegros como algunos superhéroes ni tan inteligentes para descifrar un crimen sin moverse del sofá al estilo de Holmes. Es la hora de “pringarse”, destaca Castro, que ha hecho a la protagonista de su novela, una policía estresada, mojarse y bien por los bajos fondos de la sociedad.

Y es que ya volvemos a lo social. El retrato de la sociedad más violenta, más oscura, que muchas veces no vemos, pese a que esté a sólo unas manzanas de tu calle. Al fin y al cabo, como dice Torres, la novela negra no es más que “un campo de pruebas para lo que realmente nos vamos a encontrar a la vuelta de la esquina”.

Publicado el 22/10/2008

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