Archivo de la categoría: Arte

Los hermanos Rosado te convierten en Dorian Gray

Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg publica el libro de Oscar Wilde ilustrado por los gemelos de San Fernando, premiados con el galardón de jóvenes artistas de la pasada edición de ARCO

Tú eres Dorian Gray
EspejoLos hermanos Miguel Pablo y Manuel Pedro Rosado te convierten en el protagonista de El retrato de Dorian Gray en la edición de lujo que publica Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg. “El propio libro es el cuadro de Dorian Gray”, explica Manuel Pedro. Una portada roja imita la tela que lo envuelve y las guardas están hechas en papel espejo “para que tú seas el primer reflejo”, para que tu te conviertas en el propio Dorian Gray.

La vigencia del genio

MP&MP RosadoOscar Wilde publicó El retrato de Dorian Gray en 1890. Más de un siglo después, los hermanos Rosado se sorprenden de la total vigencia del relato que propone. El protagonista de la novela es un hombre, que tras ser retratado, se enamora tanto de su aspecto que pide no envejecer jamás y que, en su lugar, sea por el cuadro por el que pasen los años. “Es casi más actual ahora que cuando se escribió”, reflexiona Manuel Pedro Rosado.

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Max Ernst, el surrealista que escribía libros

La editorial Atalanta publica las aventuras novelísticas del artista alemán que vivió entre el surrealismo y el dadá

Un novelista particular

Tres novelas en imágenes, de Max ErnstMax Ernst publicó entre 1929 y 1934 tres novelas en imágenes: La mujer 100 cabezas, Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo y Una semana de bondad. Como no podía ser de otra manera, no constaban de planteamiento, nudo y desenlace al uso. Para el artista surrealista y dadá era una manera de hacer crítica y dejar volar todo tipo de fantasías. La editorial Atalanta las rescata ahora.

Reciclaje de grabados

Tres novelas en imágenes, de Max Ernst.El artista alemán utiliza una peculiar técnica de collage para realizar estas historias. A partir de grabados de madera de mediados del XIX superpone imágenes para crear las escenas que le interesan. No utiliza demasiadas fuente en cada estampa, pero aún así los originales son totalmente irreconocibles. A finales de los años veinte y principios de los treinta, nadie utilizaba estos grabados para realizar los collages. Para Ernst, en cambio, eran el material ideal.

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Las obras de arte que nunca verás

El retrato del doctor Gachet, de Van GoghHace cincuenta años Bernard Breslauer, un reputado anticuario británico, fue retratado por el pintor Lucien Freud. No quedó conforme. “Esa barbilla no es la mía”, debió pensar. Desde el primer momento le desagradó el óleo y el rostro que le miraba, De manera que, tras darle vueltas y más vueltas, optó por una salida fácil: lo destruyó. Así, sin más, una obra de arte menos. Un Lucien Freud menos.

Excentricidades, incendios, inundaciones o simple vandalismo merman continuamente el patrimonio artístico mundial. Los robos más sorprendentes se quedan en pañales ante actuaciones como las de Breslauer o el empresario japonés Ryoei Saito. Este último adquirió en subasta El retrato del doctor Gachet (una de las últimas creaciones de Van Gogh) y una de las copias de Le moulin de la Galette de Renoir. Pagó 56,2 millones de euros por el primero y 49,5 por el segundo y, por esa simple razón, se creyó con la autoridad suficiente para decir que estos dos lienzos deberían quemarse junto a su cuerpo cuando muriese.

Saito falleció en 1996 y, aunque no se sabe a ciencia cierta qué ha pasado con estas obras, se cree que están ahora mejor guardadas por coleccionistas privados, a los que él mismo las vendió cuando tuvo una serie de problemas económicos.

Las que no se salvaron de la quema, siempre según la leyenda que ha llegado a nuestros días, fueron las obras mitológicas que el pintor renacentista Sandro Botticelli lanzó a finales del siglo XV a la hoguera de las vanidades. Junto a espejos, ropas o libros que incitaban al pecado, supuestamente ardieron algunas obras del autor de El nacimiento de Venus, obra también mitológica que por suerte sí podemos contemplar hoy.

Fuego, guerra o tiempo

Pero, ya sea intencionadamente o no, el fuego ha hecho mucho daño al arte. En 1713, el día de Nochebuena, el Real Alcázar de Madrid sufrió un incendio de tal magnitud que quedó totalmente destruido. En su interior se guardaban importantes obras de arte de la colección real firmadas por Rubens, Velázquez, Tiziano o Durero. A duras penas nos han llegado exclusivamente los títulos de algunas de ellas, que en total eran unas 2.000.

De las siete maravillas de la Antigüedad el paso del tiempo se ha cobrado a seis de ellas. Los talibanes destrozaron las gigantescas estatuas en alto relieve esculpidas en piedra de los budas de Bamiyán. Y las dos guerras de Irak supusieron también la desaparición -por expolio y quizá también definitiva- de importantes piezas como, por ejemplo, el arpa de oro y marfil de Ur, de 4.000 años de antigüedad.

Si pudiesemos abrir un museo de arte con todas estas piezas perdidas para siempre, probablemente sería el más grande del mundo. Estarían también incluidas obras que han sobrevivido a la mala memoria del hombre como La batalla de Anghiari -un fresco pintado por Leonardo da Vinci y sobre el que se ha creado la leyenda de que puede estar oculto en algún rincón del Palacio Vechio- o -¿por qué no?- el grafiti de Banksy que recientemente borraron en Londres con pintura blanca. De muchas de ellas, sin embargo, ni siquiera nos han llegado referencias.

Publicado en ADN.es el 29/08/2008

Disección a J.G. Ballard

¿Un hombre que vive aislado entre autopistas, que escribe a mano en la era digital y que rechaza el uso de Internet puede ser el visionario del nuevo milenio? Si se llama James Graham Ballard, sí. A sus casi 78 años y consumido por un cáncer de próstata, ha demostrado que la ciencia ficción acierta, que no hay que ser Nostradamus para adelantar casi medio siglo fenómenos como el calentamiento global, que se puede adivinar que un actor del tres al cuarto se convertirá en presidente de Estados Unidos o que las bombas en el aeropuerto londinense de Heathrow estaban cantadas.

JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio, la exposición que inaugura hoy el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, disecciona estos y otros detalles de la obra y el pensamiento del autor de El mundo sumergido, Crash o El imperio del sol y lo hace con primeras ediciones de sus libros, proyecciones, montajes escénicos, y obras de autores inspirados por este inglés nacido en Shangai en 1930.

Apodado el profeta de Shepperton (el barrio londinense en el que vive, ese mencionado arriba al que ahogan las carreteras), Ballard ha reconocido más de una vez que fueron sus estudios de medicina y, en concreto, la disección de cadáveres la que le inspiró a tomar papel y lapiz y mostrar el mundo tal y como su ofalto le decía que estaba por llegar.

A sus 77 años, ha construido una obra literaria sólida y un imaginario que se convierte en realidad según pasan los años. Como asegura Jordi Costa, comisario de la exposición, “Ballard ha visto nuestro futuro como un cuerpo muerto, con sus patologías y traumatismos”, y el CCCB ha decidido analizarlo y no perderse ningún dato que pueda ayudar a enfocar los próximos años.

Del Shangai de 1930 al Shepperton de 2008

De Shangai a Shepertton es el apartado que se fija en su infancia que tan bien plasmó en El imperio del sol, sus primeros años en Shangai y su internamiento en el campo de Lunghua durante la Segunda Guerra Mundial. Paisajes del sueño nos demuestra la influencia que el surrealismo y el psicoanálisis influyeron en su mirada y El espacio interior recorre sus primeros pasos en el terreno de la ciencia ficción imponiendo su propia mirada, la que rechaza las aventuras espaciales tan de moda en los sesenta y se fija en las posibilidades de futuro de nuestro pisoteado mundo.

El recorrido prosigue por Zona de catástrofe con sus novelas apocalípticas El mundo sumergido, La sequía o El mundo cristal, que ya anunciaban la amenaza del cambio climático. Se detiene en el mundo más cruel de La exhibición de atrocidades y Crash en el apartado Tecnología y pornografía, mientras que Asepsia y neobarbarie profundiza en la última etapa de su obra que, manteniendo sus mismos temas, se fija en un mundo más cercano y marcado por la frialdad y soledad del ser humano que cada vez vive más cómodo pero menos feliz. Noches de cocaína, Milenio negro o Super Cannes son algunos ejemplos.

JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio se completa con una proyección sobre el credo que publicó en1984 en la revista francesa Science fiction, una colección de primeras ediciones de sus libros y con una serie de obras plásticas o películas rodadas con un teléfono móvil realizadas por artistas inspirados en su literatura. Además, en otoño organizarán unas mesas redondas para abordar otros aspectos.

Últimas lecciones

“Creo en el poder de la imaginación para reconstruir el mundo”, escribió en el mencionado credo. Tal vez por eso ha ido avisando puntualmente de las amenzas de nuestro mundo. En una de las últimas entrevistas concedidas, Ballard -al que el cáncer lo mantiene recluido en su casa-, alertaba sobre la violencia indiscriminada, aquella que no tiene un fin salvo quizá acabar con el aburrimiento y que ya ha podido demostrarse en sucesos como el del insituto de Columbine.

Pero no todo son negras predicciones. Aunque parece que el pesimismo inunda cada una de sus obras, en Miracles of life -su último título, que Minotauro publicará este otoño en español-, reivindica una visión optimista y una defensa de la vida familiar. Ayudados por su imaginación, también podemos cambiar el mundo.

Publicado en ADN.es el 22/07/2008

La mujer que le arrebató ‘El Coloso’ a Goya

Manuela Mena, entre Miguel Zugaza y José Luis DiezManuela Mena es veterana en el Museo del Prado. Unas oposiciones le dieron su plaza en el departamento de Conservación en 1980, fue elegida subdirectora sólo un año más tarde y ocupó este cargo hasta que en 1996 Esperanza Aguirre, recién nombrada ministra de Cultura, decidió apartarla de la dirección. Muchos pensaron que era el fin de la especialista en el museo, pero ella ya avisó de que no iba a abandonar.

Doce años después es la Jefa de Conservación del siglo XVIII y acaba de abrir la primera polémica del mundo del arte en España desde que Ana Martínez de Aguilar dimitiera como directora del Reina Sofía: ha dicho que El Coloso no es de Francisco de Goya. Los expertos e interesados ya se han postulado en contra o a favor.

Ella dice que ha tardado casi veinte años en afirmar sin concesiones lo que sospechaba desde 1991. Las primeras dudas surgieron al preparar la muestra Goya, el capricho y la invención y, aunque no llegaron a ningún resultado concluyente, decidieron que lo mejor era no incluirlo hasta realizar un estudio en profundidad. Desde entonces, asegura, no ha dejado de darle vueltas a este asunto.

Sin embargo, no siempre pensó así. El director honorario del Prado José Manuel Pita Andrade, uno de los críticos con las nuevas teorías, remite a los textos de Mena sobre El Coloso en el catálogo de la exposición Goya y el espíritu de la ilustración (1988). En ellos la conservadora no mostraba dudas en la atribución de este cuadro.

Las cualidades de ayer

“Es ésta una de las imágenes más dramáticas, más poéticas y misteriosas de todas las obras del período de madurez de Goya”, comenzaba su artículo. Más adelante, se rendía ante las cualidades de esta pieza. “En cualquier caso, el lienzo es admirable por la extraordinaria seguridad de su toque, a golpes de espátula o de pincel, rápidos y nerviosos, de una precisión y energía singulares”.

Hace unos días, sin embargo, Mena aseguraba en rueda de prensa que el uso de espátula era incompatible con el proceder del genio sordo y repasó todos los detalles a su juicio mal perfilados y sin definir de la imagen.  “No se pueden utilizar las mismas características para apoyar la autoría -protesta Pita Andrade- que para rebatirlo”.

Aún así, José Luis Díez, uno de los expertos que respaldan a Mena y el que ha sugerido que sea Asensio Juliá el verdadero autor, recalcó la pasada semana que “los avances en el estudio de Goya se han afinado muchísimo desde principios del siglo XX hasta ahora” y asegura que, tanto los estudios científicos como los nuevos conocimientos sobre el pintor de Fuendetodos, les avalan.

La historia no es nueva. La experta Juliet Wilson-Bareau, con la que Mena ha colaborado en numerosas ocasiones, escribió hace ya siete años un artículo en El Periódico del Arte que apuntaba a Xavier Goya como el autor más probable. Entonces Mena sí apoyó a la historiadora, pero el entonces director del Prado, Fernando Checa no quiso dar crédito a los rumores.

Una autoridad en la materia

Esta vez, el actual director Miguel Zugaza sí ha escuchado a sus conservadores y la semana pasada ofreció una rueda de prensa para que ellos mismos diesen a conocer sus descubrimientos. Eso sí, aseguró que el Prado no se mojará hasta que se publique el estudio definitivo, y el nombre de Francisco de Goya sigue colgando sobre el lienzo.

Si finalmente se acepta que la teoría de Mena es realidad, la conservadora puede convertirse en una de las figuras con más autoridad a la hora de hablar del maestro aragonés.

Ya ha desmentido otros mitos sobre el artista: en un libro suyo concluyó que en la relación entre el de Fuendetodos y la duquesa de Alba no había habido intercambio de pasión.

También sentó cátedra sobre el lienzo La familia de Carlos IV, descubriendo nuevos detalles que habían pasado desapercibidos a otros expertos y ha realizado un buen número de publicaciones y comisariado varias exposiciones del autor de los Caprichos (incluida la que actualmente puede verse en el Prado, Goya en tiempos de guerra).

Por este motivo, algunos creen ver aquí intereses puramente comerciales. Teresa Grasa, restauradora y experta en Goya, lanza sus dudas y asegura que es muy raro que lienzos como Retrato del príncipe Alois WenzelKaunitz, que estaba descatalogado desde hace años, se haya vuelto a atribuir al artista.

“El año pasado estaba en una subasta de Londres y ahora se ha incluido como obra de Goya en la exposición del Prado”, revela Grasa. La polémica está servida.

Publicado en ADN.es el 03/07/2008

La autoría de ‘El Coloso’ divide a los expertos

GoyaCualquier divorcio es duro y el lienzo El Coloso está provocando casi una ruptura entre los expertos en la figura de Goya. No todos los especialistas coinciden con las teorías expuestas por los responsables de Conservación del Museo del Prado Manuela Mena y José Luis Díez. Más de una voz considera que sus pruebas son insuficientes y, sobre todo, los estudiosos critican que se hayan dado a conocer las hipótesis sin haber concluido el estudio.

José Manuel Pita Andrade, director de la pinacoteca nacional entre 1978 y 1981 y buen conocedor de la obra de Goya, es uno de los expertos que se resiste a la nueva autoría de este cuadro. “Como viejo, me uno a la posición de los maestros”, bromea este director honorario del Prado.

Aunque prepara un viaje a Madrid para observar con detenimiento el lienzo de la polémica, Pita Andrade se mantiene fiel a estudios clásicos como los de Francisco Javier Sánchez Cantón o Alfonso Pérez Sánchez y rebate algunas de las nuevas teorías. “Yo sí creo que sea el cuadro que aparece referenciado en el testamento de Josefa Bayeu“, afirma en contra de las afirmaciones de Mena y Díez, que creen que el lienzo El Gigante que se menciona no tiene que ser necesariamente El Coloso.

Los restauradores y expertos en Goya Carlos Barboza y Teresa Grasa también coinciden con Pita Andrade e insisten en que es el lienzo que se cita en el testamento de la mujer del pintor. No pueden quitárselo a Goya para dárselo a Juliá -esta teoría todavía está en fase de estudio-, cuando además reconocen que no saben demasiado sobre este autor”, asegura Barboza, que insiste en que si no es de Goya “tenemos otro Goya, porque sólo él pudo pintar esa multitud corriendo y ese cuadro”.

“Es una obra excelente. Nadie ha criticado nunca su calidad y pienso que tendrían que ser argumentos más sólidos” los que desmontasen una teoría de 200 años de antigüedad. El que habla es Arturo Ansón, profesor de la Universidad de Zaragoza y otra de las voces reconocidas sobre el autor maño en nuestro país.

Ante todo, se define como “escéptico” entre todo este revuelo. “Si tuviera que juzgar por lo aparecido en los medios de comunicación no cambiaría mi opinión”, insiste el docente. “Veremos a ver en diciembre”, propone Ansón ya que para ese mes deberá salir publicado el estudio en el boletín del Prado.

Díez vs Glendinning

Uno de los que más ruido ha creado al manifestarse en contra de los que niegan la autoría de Goya ha sido el británico Nigel Glendinning. Este estudioso, autor de numerosos libros y artículos sobre la figura y obra del genio sordo, viajó esta semana a Madrid para observar de nuevo este lienzo y fijarse en detalles como el de la supuesta firma “A J” que, según Díez, podría corresponder a Asensio Juliá, y que echa para atrás las propias teorías de Glendinning, que veía escrito “XVII” en esos mismos trazos.

“Todo esto es triste y poco sensato y no es de estudiosos serios”, afirmó Glendinning en declaraciones a ABC. Aunque, en conversaciones con ADN.es, no quiso volver a exponer sus críticas sí confirmó lo dicho a ABC, es decir, que las supuestas pruebas de los especialistas del Prado no son concluyentes y sí fácilmente desmontables.

La importancia de los pasos

Por el momento, la pinacoteca mantiene a Goya como autor de El Coloso en todas las referencias. Ya lo avisó su director, Miguel Zugaza, la semana pasada: el museo “tiene autoridad para decidir el estatus atributivo de sus fondos”, pero no será hasta que se concluya el estudio y se publique en el boletín de la pinacoteca cuando se haga oficial que este emblemático cuadro no es de Goya. Entonces, ¿por qué tanta prisa en dar a conocer estas teorías?

Pita Andrade insiste en que se debería haber actuado con más “cuidado y parsimonia”. “Yo siento mucha estima por Manuela Mena”, repite, pero “es un cuadro emblemático y todo este me desconcierta”. Arturo Ansón, comparte estas opiniones. “No creo que sea serio la manera en que se ha presentado todo. Primero se debe terminar el estudio y, sólo después, es cuando se debe consultar a los expertos”, expone.

Por su parte, José Luis Díez, que ayer participó en el el curso Si no es Goya, ¿qué es? que se celebra en El Escorial, reiteró que se han dado “los pasos honrados y rigurosos y en el tiempo y el orden que deben darse”, según recogió Europa Press.

Publicado en ADN.es el 03/07/2008

Los otros colosos

La infanta Margarita, cuadro falsamente atribuido a VelázquezEl Jefe de Conservación de pintura del siglo XIX del Museo del Prado puso el dedo en la llaga cuando comunicó que el famoso cuadro de El Coloso no pertenece al pincel de Goya. Hace cien o cincuenta años, explicó, el conocimiento sobre la obra del genio aragonés era mucho menor que el que se tiene en la actualidad. E, igualmente, las técnicas científicas para estudiar la autoría de una obra de arte eran mucho más limitadas.

“Antes se confiaba mucho en el ojo y el conocimiento del experto. Ahora, los análisis técnicos son mucho más precisos”, coincide el galerista Javier Ródenas. Es por eso, por lo que en las últimas décadas se ha podido comprobar cómo algunas piezas de los grandes maestros se veían relegadas al pincel de sus discípulos y colaboradores.

El Prado ya es experto en estas lides. Hace unos años, el estudio del lienzo La infanta Margarita puso en evidencia lo que ya muchos sospechaban: que el cuadro no es de un Velázquez tardío, sino de su discípulo Juan Bautista del Mazo. Hasta entonces se había creído que la mano del maestro estaba presente en pequeños detalles del lienzo y se consideraba  su última creación. La investigación del conservador Matías Díaz Padrón se basó en el carácter impresionista de las pinceladas y en el hecho de que el sevillano estaba agonizante cuando fue pintado, para demostrar que no era un Velázquez.

Otro caso especialmente llamativo es el de Rembrandt. A mediados del siglo XX se creó el Proyecto Rembrandt con el objetivo de verificar que todas las obras atribuidas al holandés fuesen realmente suyas. Desde entonces, muchas se han caído de tan prestigiosa lista. Como comenta Ródenas, el autor de Ronda de noche “era un muy buen profesor y sus alumnos, muy buenos aprendices”. De esta manera, un buen número de los cuadros que salían de su taller ni siquiera habían pasado por sus manos.

La tecnología al servicio del arte

Por supuesto, en todos estos estudios la mirada del experto ha sido muy importante. Pero la contribución de los avances científicos y técnicos ha jugado un papel fundamental. En el caso de El Coloso fue el análisis con rayos X el que les proporcionó la primera pista. Goya siempre había sido muy ordenado en sus composiciones. Primero estructuraba la estampa en su cerebro y, sólo cuando tenía claro hasta el último detalle, se enfrentaba al lienzo en blanco.

La radiografía de El Coloso, sin embargo, no respondía a este método de trabajo. La visión con rayos X descubrió un primer Coloso de frente al espectador y el definitivo de espaldas. ¿El maestro había cambiado de idea a mitad del trabajo? Esto, para Manuela Mena, jefa de pintura del XVIII y especialista de Goya, era algo inconcebible.

Pero este emblemático lienzo no es el único que puede estar bajo sospecha. La propia Mena dejó caer que telas como El exorcismo, La hoguera o La degollación -también del aragonés- están en fase de estudio. Tampoco ha sido el primero en ser cuestionado. Aunque sólo se conoce un discípulo del sordo de Fuendetodos –Asensio Juliá, al que ahora se le atribuye El Coloso– sí se sabe que tuvo varios colaboradores. Bayeu o Agustín Esteve son algunos de los que le ayudaron para responder a los numerosos pedidos que recibía y esto ha provocado más de una duda en varios cuadros.

Aún así, el proceso para hacer oficial cualquier conclusión es largo y complejo. Primero está el estudio, que debe verse respaldado con los análisis científicos y, por último, es necesario un debate académico. Eso sí, sea cual sea el veredicto, “el valor desde el punto de vista estético no varía sea quien sea su autor” sentencia Fernando Martín Martín, profesor de Arte Contemporáneo y Museología en la Universidad de Sevilla.

Publicado en ADN.es el 30/06/2008