Y Japón se hizo best-seller

Haruki MurakamiDesde las primeras expresiones escritas en japonés hasta el punto y final de After dark, la última novela de Haruki Murakami, han pasado trece siglos. Trece siglos en los que se ha ido forjando una de las literaturas más ricas e importantes del panorama universal mientras que Occidente se miraba en su espejo una y otra vez. Pero eso eran otros tiempos. Hoy las letras que vienen de Oriente despiertan el interés de críticos y lectores y son raras las editoriales que no incluyen algún título oriundo de Japón entre sus novedades anuales.

La atención por el país del sol naciente llega a todas partes y, prueba de ello, es el ciclo organizado por el Consorcio de Bibliotecas de Barcelona, que dará comienzo mañana y se extenderá hasta el mes de noviembre. Letras japonesas es el nombre de este circuito en el que se repasarán nombres claves como Yukio Mishima o los Premios Nobel Kawabata y , la creación poética en grupo puesta en práctica por algunos de sus literatos y la actualidad literaria del Japón de hoy. Un repaso que puede servir tanto para no iniciados como para los que ya han probado el sabor agridulce de sus escritos.

Mercè Altimir, profesora de traducción de japonés en la Universidad Autónoma de Barcelona y coordinadora de este ciclo, es una de las primeras sorprendidas por la fascinación que despierta una literatura a la que, si hubiese que encontrarle un denominador común, ese sería el “lugar que ocupa la emotividad, la intimidad” en todos sus escritos.

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Encantadas de ser malas

Las concubinas de DraculaCuidado con quien te cruzas esta noche. Cuidado con esos ojos que te miran porque igual te están acechando desde el principio de los tiempos. Desde que Eva ofreció una manzana, el mundo está habitado de mujeres perversas, tentadoras y diabólicas pero, si en algún lugar campan a sus anchas, es en los cuentos de terror.

La filóloga Marta González Megía ha reunido para Lengua de Trapo casi dos decenas de relatos en los que ellas son malas hasta decir basta. Y de tan malas que son, se convierten en aún más de seductoras. Temblad, hombres, temblad.

“Son malas porque no tienen otro remedio, ya que la estrecha concepción masculina, conservadora y misógina en grado sumo, las condena al mutismo, a la marginación o la ilegalidad, según épocas y países”, argumenta González Megía en el prólogo.

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No te pierdas con Homero

Eros y Psique, de Antonio Canova.Si tuviésemos que encontrar el nexo de unión entre artistas como Leonardo da Vinci o Bernini con músicos como Strauss y Mozart, novelistas de la talla de Joyce o Byron o reyes de la pantalla como Brad Pitt, no tendríamos más remedio que rendirnos al hecho de que la mitología nunca ha pasado de moda. Los griegos crearon un imaginario de dioses e intrigas que los romanos se encargaron de copiar y, ya de paso, dejarlo de testamento a las siguientes generaciones. Desde entonces no hemos parado de releerlo y tomar nuevas notas.

Sin embargo, muchas veces se echa en falta un volumen que aglutine todas estas leyendas y esa carencia es la que intenta paliar Turner Libros al editar una de las mejores compilaciones sobre este tema. Se trata de Mitología. Todos los relatos griegos, romanos y nórdicos, que escribió hace más de sesenta años la especialista en cultura clásica Edith Hamilton (1867-1963) y cuyo carácter didáctico ha provocado que siga siendo todo un libro de referencia en la materia.

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Ópera y cine, un matrimonio bien avenido

Tan lejos, tan cerca

Montaje de 'La mosca'Este fin de semana coinciden dos estrenos operísticos en Los Ángeles vinculados con el mundo del cine. Por un lado, Woody Allen y William Friedkin se reparten la puesta en escena de la ópera de Puccini Il trittico. Por otro, David Cronenberg supervisa el montaje de The fly, ópera basada en su película La mosca. Cine y ópera no están tan lejos y un buen número de experiencias lo atestiguan. En la foto, representación de The fly.

Una ‘Carmen’ con temperamento

'Carmen'

A comienzos de los ochenta, el cineasta Carlos Saura dirigió una película sobre el mito del Carmen. Familiarizado con esta historia, no tuvo reparos al aceptar el reto de encargarse de la dirección escénica de la ópera y abrir con ella la temporada del Palau de les Arts de Valencia 2007/2008.

Las complicaciones de Wagner

La Tetralogia de Wagner, según La Fura

La puesta en escena de El anillo de los nibelungos es una de las más complicadas. Lars von Trier recibió con orgullo esta tarea cuando se lo ofreció el Festival de Bayreuth. Sin embargo, a un año del estreno tuvo que reconocer que no estaba preparado y dejó el proyecto. Años antes, George Lucas también desechó la idea en un montaje diferente. En la imagen, la solución de La Fura dels Baus para Siegfried (tercera parte de la Teatralogía).

Madame mariposa

'Madame Butterfly'

El recientemente fallecido Anthony Minghella, director de El paciente inglés o Cold Mountain, supo encargarse de la dirección escenica de la ópera de Puccini Madame Butterfly, que se estrenó en 2006 en el Metropolitan Opera de Nueva York con un notable éxito entre la crítica y el público.

El toque oriental

'Turandot'

El hiperactivo realizador chino Zhang Yimou saca tiempo para el cine, para la ópera y para la inaguración de los Juegos Olímpicos.Ya se ha enfrentado en dos ocasiones al montaje operístico: con Turandot (Puccini) y El primer emperador (Tan Dun). A ambas les ha aportado su particular toque y no ha defraudado.

Dirigiendo a La Divina

Maria Callas

Mucho antes que todos ellos, importantes cineastas aportaron su granito de arena a este mundo. Luchino Visconti se quedó prendado de María Callas cuando la vió subida a un escenario y decidió que la ópera era su asignatura pendiente. Para ponerle remedio dirigió La Traviata o La Sonnambula, entre otras. También Franco Zeffirelli hizo importantes montajes como La Boheme o Turandot.

El instigador

Plácido Domingo

El tenor español Plácido Domingo en uno de los impulsores de la tendencia a escoger directores de cine para los montajes escénicos de las óperas. Desde su cargo como director general de la Ópera Nacional de Washington y de la de Los Ángeles ha invitado a muchos cineastas a enfrentarse a proyectos de este tipo. Suyo es el empeño, por ejemplo, de que Woody Allen se encuentre detrás de Il trittico y ya piensa en nuevos nombres. Se trata de una manera, según el tenor, de dar frescura a este género, además de que esto les da otro toque de glamour y expectación.

En la dirección inversa

'La flauta mágica'

Tampoco han sido pocos los cineastas que han querido llevar las óperas a las salas de cine. Kenneth Branagh fue el último en atreverse y adaptó en fotogramas La flauta mágica de Mozart. Antes que él lo hicieron -y con más acierto-, Ingmar Bergman (también La flauta mágica), Franco Zeffirelli (La Boheme, Otello) o Francesco Rossi (Carmen).

Auster vuelve a abrir la matrioshka

Paul AusterQuizá cuando Paul Auster cierra los ojos por la noche todos sus personajes comienzan a danzar ante él y a pedirle explicaciones: ¿por qué tuviste que estropearlo todo?, ¿no me podías haber dejado tranquilo?, ¿era necesario este final? Tal vez solo se preocupen por detalles más superfluos como que hubiesen preferido ser un poco más altos o tener una mujer más guapa. O tal vez eso es lo que a él le gustaría, porque en cada nuevo libro demuestra que los saltos entre ficción y realidad están a escasos milímetros.

Un hombre en la oscuridad nos presenta a August Brill, un crítico literario de setenta años, convaleciente de un accidente de tráfico y condenado a recuperarse metido en una cama. Nunca ha escrito ni una línea de ficción, sin embargo, el aburrimiento y las ganas de mantener lejos de su mente determinados episodios de su vida le llevan a idear historias.

Y es entonces cuando entra en acción Owen Brick, rozando la treintena y con una vida aparentemente sencilla. Sí, sencilla hasta que August Brill decide inmiscuirse y ponerlo en una situación extrema: como en una pesadilla, Estados Unidos vive una guerra civil, el atentado de las Torres Gemelas y la Guerra de Irak nunca han sucedido y él tiene que matar a una persona si quiere devolver al mundo la normalidad. “Más de trece millones han muerto ya. Si las cosas siguen más tiempo así, la mitad de la población habrá desparecido antes de que nos demos cuenta”, le dicen como ultimatum.

Juego de muñecas

Como en anteriores ocasiones, el escritor de Nueva Jersey vuelve a jugar a las matrioshkas, las muñecas rusas que guardan en su interior muñecas más pequeñas. Una historia dentro de una historia no podía faltar dentro de un libro de Auster y, aunque cada vez más pequeñas, se nota de donde han salido, no pueden negar las semejanzas con su creador.

Soledad, inercia, dolor, literatura, cine… los mismos temas de Auster regresan una vez más, aunque en una de sus últimas entrevistas, con motivo de la publicación de su penúltimo libro (Viajes por el Scriptorium), aseguró que se sentía agotado creativamente y que tenía sus dudas sobre que fuese a escribir libros futuros.

Pero es la guerra la gran protagonista de este libro. La guerra sin sentido, la que algunos hombres se inventan y ocasiona millones de muertos mientras ellos permanecen tan tranquilos. Aunque sólo sea de refilón aparece Irak y sus víctimas, y la no menos absurda y destructiva guerra civil que su protagonista imagina una noche de insomnio. Lo peor es que tal vez no haya tanta diferencia entre una y otra.

Un hombre en la oscuridad se sumerge en todo esto, pero también en otros temas como la infidelidad o el sentimiento de culpa para demostrar que, aunque Auster lo dude, todavía quedan otras matrioshkas por abrir.

Publicado en ADN.es el 04/09/2008

Las obras de arte que nunca verás

El retrato del doctor Gachet, de Van GoghHace cincuenta años Bernard Breslauer, un reputado anticuario británico, fue retratado por el pintor Lucien Freud. No quedó conforme. “Esa barbilla no es la mía”, debió pensar. Desde el primer momento le desagradó el óleo y el rostro que le miraba, De manera que, tras darle vueltas y más vueltas, optó por una salida fácil: lo destruyó. Así, sin más, una obra de arte menos. Un Lucien Freud menos.

Excentricidades, incendios, inundaciones o simple vandalismo merman continuamente el patrimonio artístico mundial. Los robos más sorprendentes se quedan en pañales ante actuaciones como las de Breslauer o el empresario japonés Ryoei Saito. Este último adquirió en subasta El retrato del doctor Gachet (una de las últimas creaciones de Van Gogh) y una de las copias de Le moulin de la Galette de Renoir. Pagó 56,2 millones de euros por el primero y 49,5 por el segundo y, por esa simple razón, se creyó con la autoridad suficiente para decir que estos dos lienzos deberían quemarse junto a su cuerpo cuando muriese.

Saito falleció en 1996 y, aunque no se sabe a ciencia cierta qué ha pasado con estas obras, se cree que están ahora mejor guardadas por coleccionistas privados, a los que él mismo las vendió cuando tuvo una serie de problemas económicos.

Las que no se salvaron de la quema, siempre según la leyenda que ha llegado a nuestros días, fueron las obras mitológicas que el pintor renacentista Sandro Botticelli lanzó a finales del siglo XV a la hoguera de las vanidades. Junto a espejos, ropas o libros que incitaban al pecado, supuestamente ardieron algunas obras del autor de El nacimiento de Venus, obra también mitológica que por suerte sí podemos contemplar hoy.

Fuego, guerra o tiempo

Pero, ya sea intencionadamente o no, el fuego ha hecho mucho daño al arte. En 1713, el día de Nochebuena, el Real Alcázar de Madrid sufrió un incendio de tal magnitud que quedó totalmente destruido. En su interior se guardaban importantes obras de arte de la colección real firmadas por Rubens, Velázquez, Tiziano o Durero. A duras penas nos han llegado exclusivamente los títulos de algunas de ellas, que en total eran unas 2.000.

De las siete maravillas de la Antigüedad el paso del tiempo se ha cobrado a seis de ellas. Los talibanes destrozaron las gigantescas estatuas en alto relieve esculpidas en piedra de los budas de Bamiyán. Y las dos guerras de Irak supusieron también la desaparición -por expolio y quizá también definitiva- de importantes piezas como, por ejemplo, el arpa de oro y marfil de Ur, de 4.000 años de antigüedad.

Si pudiesemos abrir un museo de arte con todas estas piezas perdidas para siempre, probablemente sería el más grande del mundo. Estarían también incluidas obras que han sobrevivido a la mala memoria del hombre como La batalla de Anghiari -un fresco pintado por Leonardo da Vinci y sobre el que se ha creado la leyenda de que puede estar oculto en algún rincón del Palacio Vechio- o -¿por qué no?- el grafiti de Banksy que recientemente borraron en Londres con pintura blanca. De muchas de ellas, sin embargo, ni siquiera nos han llegado referencias.

Publicado en ADN.es el 29/08/2008

¡Peligro! Escritores con claqueta

Se empieza escribiendo un guión, se sigue supervisando la adaptación de una novela propia y se acaba dirigiendo. El paso de las letras al celuloide es una tentación a la que muchos escritores no quieren resistirse. Aunque en muchas ocasiones la pretensión acabe en fracaso.

El escritor francés Philippe Claudel es uno de los últimos en probar los poderes de la dirección. Después de presentar, e incluso competir por el Oso de Oro, Hace mucho que te quiero en el Festival de Berlín, ahora estrena esta cinta en los cines españoles.

“Todo esto no lo hubiera podido explicar en una novela”, explicó hoy el francés en una rueda de prensa, según recoge EFE. “Cuando hice este guión era una historia tan cercana para mí que quería llevarla a la pantalla para poder trasmitir esos silencios y esa luz que lleva implícita la historia. Era como una paleta de colores que quería plasmar”, subrayó el autor de Almas grises o La nieta del señor Linh.

En las últimas semanas también ha podido verse el resultado de los quehaceres cinematográficos de dos reconocidos escritores: Michel Houellebecq y Alessandro Baricco. Ambos escogieron el prestigioso Festival de Locarno para enseñar sus criaturas, pero ni la adaptación de La posibilidad de una isla del primero ni Lezione 21 del italiano, han logrado convencer a la crítica. La decisión del público deberá esperar hasta este otoño, cuando se estrenen en las salas.

Es conocido el batacazo que sufrió Mario Vargas Llosa cuando decidió probar suerte en el séptimo arte. En 1973 creyó que era el más idóneo para llevar al cine su novela Pantaleón y las visitadoras y se puso detrás de la cámara sin complejos. Han pasado 25 años y ahora no tiene problemas en reconocer que preferiría no acordarse de esa experiencia que, como aseguró recientemente en un congreso, fue una verdadera “catástrofe”.

Y es que controlar los entresijos de la narración y el lenguaje literario no asegura, ni mucho menos, el dominio de la creación audiovisual. El escritor y crítico de cine Vicente Molina Foix también probó una vez este codiciado manjar y salió con indigestión. Sagitario fue su prueba de fuego y, después de ella, decidió que era mucho mejor seguir escribiendo y reservar al cine como mero protagonista de novelas y ensayos.

http://www.youtube.com/v/K4tmbAECC_4La última película de Paul Auster tampoco dejó buen sabor a la crítica. Aunque fue aplaudido con el guión de Smoke y con la dirección de Blue in the face, La vida interior de Martín Frost, la cinta a partir de una pequeña referencia de su novela El libro de las ilusiones, fue tachada de vaga, cutre y estirada al máximo.

Habrá que ver qué pasa con la cinta de Claudel. Tras su proyección en Berlín las críticas han sido variadas. En The Hollywood Reporter la han calificado de “chispeante” e incluso dicen que el escritor dirige como un veterano cineasta. En Variety, sin embargo, apuestan más por un resultado pobre. El paso de las letras al audiovisual es complicado y, al fin y al cabo, no se puede convencer a todos.

Publicado en ADN.es el 25/08/2008